Buenos docentes bastan

 

Buenos docentes bastan.

 

“Tener buenos profesores mejora la competencia el equivalente a un año más de aprendizaje”

 Ana Hidalgo-Cabrillana – Universidad Autónoma de Madrid

 

Las discusiones sobre reformas educativas en España suelen girar en torno a los malos resultados en la evaluación PISA, al idioma en el que deben impartirse las clases en algunas comunidades autónomas o a la asignatura de religión. En raras ocasiones el debate se centra en la importancia del profesor. La literatura demuestra que los profesores tienen un papel importante en los conocimientos adquiridos por los estudiantes (la diferencia entre un buen y un mal profesor es equivalente a los conocimientos de un año académico [Hanushek 2011]).

Paradójicamente, la mayoría de los estudios concluyen que características como la experiencia o el sexo no definen a un buen profesor. ¿Puede significar esto que lo realmente importante es el trabajo del profesor en el aula? Evidentemente. Es la principal y más importante, ya que la calidad de un sistema educativo, tiene como techo, la de sus docentes. Ponga buenos docentes en las aulas y échese a dormir. Con buenos docentes, basta.

Lo demás vendrá por añadidura y de manera automática. Formar, seleccionar y evaluar a buenos docentes, ese es todo el misterio. El cálculo del efecto de las prácticas docentes es difícil ya que el contexto socio-económico del alumno determina a qué colegio asiste. Además, los centros pueden agrupar a los alumnos conforme a diversos criterios, y el tutor puede adaptar el estilo docente al nivel de sus alumnos. Obtener el verdadero efecto de las prácticas requiere tener en cuenta estos aspectos.

Varias líneas de investigación han tratado de vincular el grado de desempeño educativo de un país con el nivel de competencia de su profesorado. En países con desempeño alto, sus profesores provienen de la tercera parte superior de sus graduados universitarios, mientras que los países con bajo desempeño tienen profesores provenientes del grupo de graduados universitarios con poco éxito académico. En consecuencia, los sistemas educativos que presentan mejores resultados prestan mucha atención en la selección de su personal, pero también llevan a cabo una serie de medidas para mejorar el entorno en el que trabajan los profesores, estableciendo vías inteligentes que supongan incentivos en sus carreras profesionales.

Pero, ¿esto significa que en los países con mejores resultados los graduados con mayor rendimiento deciden ser profesores en lugar de abogados, médicos o ingenieros?

Lo que sí está suficientemente contrastado es la importancia de hacer de la docencia una profesión respetada y una opción profesional más atractiva – tanto intelectualmente como a nivel financiero -, invirtiendo más en el desarrollo del profesorado y en las condiciones de formación inicial en las universidades y en un más riguroso y exigente sistema de acceso a la función pública docente, sometido a evaluación periódica y con efectos. También cabe reflexionar sobre la organización del trabajo en los centros, la formación continua obligatoria y de alta calidad, en virtud de los déficits detectados, la responsabilidad y el trabajo colaborativo de los profesionales implicados. Otras vías de mejora están vinculadas a la concesión de autoridad suficiente a los centros para gestionar sus recursos humanos, una vez acreditadas y evaluadas sus adecuadas capacidades y competencias profesionales. La autonomía, primero hay que ganársela.

Y, quizás lo más importante, muchos países, entre los que se encuentra España, tienen que mejorar en la captación de los profesores más talentosos de entre la sociedad y establecer un cuerpo de directivos profesionales diferenciado, sometido a rendición de cuentas y supervisados de forma vinculante continuamente por la inspección.

 

 Javier Fernández Franco
Inspector de educación
@javierinspector