Cuatro viejos tópicos educativos

Existe la creencia de que los resultados escolares aumentarán automáticamente con una mayor inversión, una menor ratio profesor/alumno, más horas de docencia y mejor remuneración a los profesores. Pero las evidencias demuestran que no es así.

Si esos cuatro viejos tópicos fueran una verdad incuestionable, España sería uno de los sistemas educativos más avanzados del mundo. Sin embargo, según el informe Panorama de la Educación 2013 de la OCDE, el fracaso escolar ronda el 26% y el abandono escolar prematuro es del 24,9%. Un 46% de la población adulta sólo ha alcanzado el nivel de estudios obligatorios y sólo un 22% estudia la etapa postobligatoria frente a un 44% en la OCDE y un 48% en la UE21. Por último, un 25% de los jóvenes entre 15 y 29 años ni estudia ni trabaja. Ese porcentaje es del 16% en la OCDE.

Primer tópico: A mayor inversión, mejoran automáticamente los resultados. La financiación del sistema educativo público español es superior a la media de la OCDE y de la UE21, en todos los niveles desde infantil hasta la superior. España destina 9.608 dólares anuales por alumno en la educación pública, un 15% más que la OCDE y la UE21. Todos los informes internacionales establecen que, a partir de un mínimo de inversión, no hay relación significativa entre el gasto por estudiante y los resultados académicos, incluso teniendo en cuenta factores como el contexto familiar y el tiempo de instrucción. España ha pasado de invertir el 1,8% del PIB en 1975 a más del 5% en 2010. Pero a pesar del incremento de la inversión, los resultados educativos dejan mucho que desear. Los recursos no importan tanto como las didácticas empleadas en las aulas, la capacitación docente y la autonomía de los centros vinculada a la rendición de cuentas y logros.

Segundo tópico: Cuantas más horas de clase mejores rendimientos. Mas si tenemos en cuenta que el número total de horas/curso en la educación básica obligatoria es superior al promedio de la OCDE y UE21 (875 horas frente a 791 y 768 en primaria y 1.050 frente a 907 y 881 en secundaria respectivamente), no parece que tal relación exista. Es decir, la evaluación del número de horas del desempeño educativo no mejora per se la productividad. Ésta es más alta en las escuelas que ponen en marcha medidas de rendición de cuentas y promueven mayor autonomía tanto para seleccionar a los docentes como para administrar metodologías.

Tercer tópico: Si disminuimos la ratio profesor/alumno, aumentaremos los aprendizajes. Sin embargo, la ratio por profesor en España está por debajo de la media de la OCDE y UE21 en todos los niveles educativos tanto en tamaño real (20,1 en primaria y 21,3 en secundaria frente a 23,8 y 23,4 respectivamente)  como en tamaño estimado (13,1 en primaria y 16,1 en secundaria contra 15,2 y 17,3) En España hemos reducido de forma drástica el tamaño de las clases a lo largo de las últimas décadas. No obstante la mejora en el rendimiento de los alumnos es poco perceptible. El tamaño de la clase importa sólo cuando es considerable.

Cuarto tópico: Si se incrementa el salario avanza el sistema. Aunque el salario de los profesores españoles se ha visto recortado por la crisis económica, sigue siendo superior al salario medio de los países de la OCDE y la UE en todas las etapas educativas. En España el salario inicial bruto en el curso 2010/2011 es más alto en primaria (31.881€ frente a 29.123€) como en secundaria (40.308€ versus 31.738€). Incluso después de 15 años de carrera y si se considera la retribución máxima, los salarios de los profesores en España están por encima de los de la OCDE y UE.

Todos los organismos y estudios internacionales (Informe Mckinsey, PISA, TALIS, Eurydice, Timss, UNESCO, OCDE) coinciden en afirmar que hay 2 aspectos claves y esenciales para que un sistema educativo tenga alto desempeño: un profesorado de calidad a través de un sistema selectivo exigente y una formación inicial adecuada y profesionalizar la dirección de los centros educativos. La  nueva Ley (LOMCE) no aborda en profundidad estas dos claves. Entonces, si sabemos lo que tenemos que hacer ¿por qué no lo hacemos?