Equidad y educación

Equidad y educación

Acaba de publicarse el libro “La equidad y la educación”, de José Saturnino Martínez García. Por lo oportuno del asunto tras la publicación del Panorama de la Educación 2017. Indicadores de la OCDE (Education at a Glance 2017. Indicators OECD Indicators) que presenta información sobre el estado de la educación en todo el mundo, el impacto del aprendizaje entre países, los recursos financieros y humanos invertidos en educación, el acceso, la participación y el progreso en la educación, y el entorno de aprendizaje y la organización de los centros educativos, y por la calidad atesorada del autor, es oportuna una reseña bibliográfica.

¿Quién no defiende la equidad en educación? Aunque todos estamos de acuerdo, la polémica es inevitable cuando se intenta concretar qué quiere decir equidad. ¿Mejorar el rendimiento educativo del alumno con más desventaja social? ¿que haya pocas diferencias educativas entre las personas de más alto y bajo nivel social? ¿prohibir o permitir el hijab en las aulas?...

Entender por qué hay tantas formas de aproximarse a la equidad es uno de los objetivos de este libro. Pero no se queda en lo abstracto, sino que tambien diagnostica el estado de la equidad en nuestro sistema educativo. Para ello, realiza un esfuerzo por clarificar la confusión que reina en el debate sobre educacación en España. Mediante el rigor argumental y el análisis de las principales fuentes de datos, presenta una explicación de la falta de equidad y realiza propuestas de mejora. Además, dedica especial atención a la paradoja de que, a pesar de la gravedad de la crisis, los principales indicadores educativos permanecen estables o mejoran (algo que ya aventuramos algunos hace algún tiempo) Así, el libro adquiere una carácter didáctico que ofrece al lector no especializado las claves para posicionarse en el debate y para valorar las diversas políticas educativas aportado una mirada lo más limpia posible sobre la equidad educativa que huya de la hojarasca especulativa, vacia y retórica de los distorsionados debates educativos, tan frecuentes en la sociedad actual, en los mass media y en la jerga académica cientifista que no necesariamente científica.

A lo largo de los seis capítulos el autor (Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, Máster en Economía de la Educación y del Trabajo y Doctor en Sociología) resume de forma divulgativa los principales debates académicos en torno al concepto de equidad. Por otro lado pone de manifiesto la confusión existente sobre ideas aparentemente sencillas, como qué es la educación superior, qué es el abandono educativo temprano o qué miden realmente pruebas como PISA. Se incide en la idea de que el mal uso de las palabras o los datos oscurece, en vez de clarificar, los problemas educativos. Por lo tanto, es fundamental la precisión metodológica a la hora de estudiar los problemas educativos.

El autor es muy claro en la idea de explicar la falta de equidad como consecuencia de una serie de lógicas sociales e históricas de determinadas comunidades autónomas de España; algo así como "el peso de la inercia...que no se tiene en cuenta a la hora de analizar las diferencias en las estructuras socioeconómicas.../... pues las diferencias territoriales en España son tan grandes como las diferencias que existen entre países de la OCDE" Por eso alerta del reisgo de centrar el análisis del sistema educativo descontextualizado del sistema social en el que está inserto. En esta línea recomienda a España aprender de Portugal, que partiendo de niveles inferiores nos ha superado, en vez de fijarse en Finlandia, un país mucho más alejado sociológicamente.

Respecto a PISA, Saturnino Martínez pone en evidencia las contradicciones de los datos y la falta de coherencia interna de varios de aquellos, indicando que PISA ofrece limitaciones a la hora de recomendar recetas o políticas educativas. Para esto último compara España y Corea del Sur. En esa comparativa indica, respecto a Corea del Sur que: "El sueño meritocrático nos lleva a una sociedad con más igualdad de oportunidades, con altos niveles de productividad, pero también más infeliz, y posiblemente con mayor nivel de legitimidad de tales desigualdades, pues se justifican por el mérito y el esfuerzo individual." No obstante defiende PISA como una excelente herramienta de diagnóstico, de valor incalculable para la reflexión. El autor afirma que: "lo que nos dice PISA a gritos es que la política eductiva es compleja, porque en ella intervienen multitud de factores, muchos de los cuales no dependen de lo que sucede dentro del sistema educativo"

La pubicación es tajante al afirmar que España tiene un gran déficit de equidad. Para esto utiliza a modo de síntesis dos datos. La dificultad con que los estudiantes de clases populares transitan de las competencias a la obtención del título de la ESO o a no repetir curso. La crisis ha empobrecido a las familias un 10% y la inversión pública por estudiante se ha reducido un 25%. Al profesorado le han bajado el sueldo y le han aumentado el número de estudiantes por clase, pero se infiere que no por eso se ha visto muy afectada la calidad de su trabajo, aunque hayan empeorado sus condiciones de vida. El autor demuestra que si cuando se aumentó el presupuesto (2005, 2006, 2007, 2008, 2009) no mejoraron los indicadores eduativos ¿por qué van a empeorar cuando se recorta? De esta manera el autor reanuda con evidencias el debate sobre las distintas formas que son necesarias a efectos de dirigir la inversión en educación.

El libro no hace un diagnóstico simple ni ofrece soluciones fáciles que sean efectivas a corto plazo. Pero en las conclusiones (páginas 191 a 194) sí es nítido en indicar que la calidad del profesorado es una de las piezas angulares de la mejora del sistema educativo. En dichas conclusiones indica que "El buen profesorado produce más efectos positivos en el alumando de clases populares que en el de clases altas. Posiblemente medidas encamindas a mejorar la selección del profesorado sean las más adecuadas, como el "MIR docente".../...en el aula se juega a amplificar o mitigar las desigualdades que hay fuera de ella"

Una vez advertido el lector, para introducir el problema de la equidad, podemos empezar con una fábula. En una habitación hay un grupo de personas y una tarta. Ana propone que lo mejor es repartirla en partes iguales, indicando que para ello el que corte las porciones sea el último en elegir. Bernado ha hecho la tarta, y por ello propone ser él quien haga el reparto. Carla considera que la decisión debe estar en su mano, pues ha sido ella quien la ha comprado. Pero Daniel lleva todo el día sin comer y reclama un trozo más grande del pastel. Fernanda es la abuela de todos ellos, así que quiere ser ella la que realice el reparto, pues sabe mejor que nadie lo que las conviene a cada cual: quienes prefieren menos bizcocho y más chocolate. Manuel propone que se haga una asamblea en la que se discuta cómo repartir la tarta y luego se vote.

 

 Javier Fernández Franco
Inspector de educación
@javierinspector