Dobles raseros

Les aseguro que iba a dedicar esta columna de improbable lectura a la condena al juez Garzón por el Supremo, que lo inhabilita y lo expulsa de la Audiencia Nacional. Sabrá usted, señora, que lo hacen por lo de las escuchas a los abogados de los cabecillas de la red de corrupción Gürtel. Es curioso: hay quien me dice que no es de recibo lo de esas escuchas, pero que ve bien que se les hubiera hecho a los abogados de los que han tenido algo que ver en el caso de Marta del Castillo. Ahí sí, ¿no?

Pero no quería hablar sobre eso. Tampoco sobre todo ese asunto del cierre de Megaupload y la que se ha formado por el tren de vida que llevaba uno de sus cabecillas, el excéntrico Kim Dotcom, que tenía un Cadillac rosa y todo. Es curioso: los que más se escandalizan por eso son los mismos que no dicen nada sobre los excesos del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, el que tiene una estatua megalomaníaca en un aeropuerto sin aviones. Ahí nos callamos, ¿no?

Y tampoco es que tuviera muchas ganas de hablar de la supresión de Educación para la Ciudadanía, esa medida que ha tomado el PP en un momento en que no estaban obedeciendo a Angela Merkel. Dicen que lo han hecho porque es “adoctrinante”, lo que no deja de ser un chiste malo cuando arropan la enseñanza de la religión católica en esta, en principio, aconfesional España. Ahí no hay doctrina, ¿no?

Yo lo que quería era escribir del obispo de Granada, que ha criticado “la cultura del subsidio”. Él, que forma parte de una iglesia que recibe cada año unos 10.000 millones de euros de dinero público. Ahí lo que no hay es vergüenza.

Ocurrencias

Uno. Bonita iniciativa del ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, de exigir responsabilidades penales a los gestores públicos por el aparente delito de endeudarse. O Montoro está en pleno pique demagógico con el ministro de Economía, Luis de Guindos, o piensa despoblar su partido, el PP, en la Comunidad Valenciana, tierra de aeropuertos sin aviones, estatuas ciclópeas, tramas Gürtel y colegios sin calefacción.

Ya me gustaría ver al ministro de Justicia, Gallardón, redactando la ley que permita mandarle al estaribel a él, que puede pasar a la historia por haber sido el alcalde del ayuntamiento más endeudado, el de Madrid.

Dos. Y, ya que hablamos de ocurrencias y de la Gürtel, el “argumento” más gracioso que he leído contra el juez Garzón es uno de gente autoproclamada de derechas que dice algo así como que “Con el paro que hay y nos entretenemos en juzgar a alguien por unos trajes”. Siguiendo el “razonamiento”, se podría argumentar igualmente que “Con la crisis que había en los años 30 en EE.UU. y la ley juzgando a Al Capone por no declarar unos ingresos de nada”.

 Y otra cosa de mucha risa es la respuesta que dio Ignacio Peláez, el abogado que se ha querellado contra Baltasar Garzón por la Gürtel, cuando le pidieron que dijera qué datos fruto de las intervenciones de las conversaciones de los acusados utilizó Garzón ilegalmente. “Lo que me preocupa es que yo no tengo datos”, reconoció. No me digan que no es para morirse, literalmente, de risa. O de vergüenza.

 

 

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