Elogio de la austeridad

A ver ¿cómo promocionaría usted Écija? Venga, piense un poco. ¿Cómo intentaría liar a un turista alemán, ruso, o de más cerca, para que se gastara aquí su dinero? ¿Le vendería lo del patrimonio histórico del que presumimos y que, dicho sea de paso, pide a gritos una rehabilitación que nunca parece llegar? ¿O le cantaría las bondades de nuestra tierra con lujo, bailaoras, caballos y toreros con la mirada perdida?

Quede claro que no tengo ni idea de turismo y cualquier campaña me parece buenísima. Lo que me pasa es que no tengo muy claro a quién se dirigen, qué turista se quiere captar, quién nos interesa que venga a visitarnos. Lo digo porque si hay que fiarse del paladar del ciudadano medio, todavía recuerdo abochornado el interés despertado por la boda de la duquesa de Alba y su bailoteo, prueba más que evidente de que estamos preparados para tragarnos lo que nos echen.

Y otra cosa que no entiendo es que, si de verdad estamos por vender “grandeza”, se inaugure una rotonda con material reciclado y loas a la austeridad colocando una bandera de quita y pon para ser ecijanos la mayor parte del tiempo, españoles cuando gana la selección de futbol y andaluces cuando nos dejan. Vaya por delante que las banderas todas me parecen trapos de colores que ondear en el futbol, pero ¿de verdad hacía falta esa austeridad que más bien es tacañería rozando el poste?

Y otra cosa más: si la bandera en cuestión y la rotonda quieren simbolizar aquello que nos une a todos los ecijanos, en lugar de una glorieta con una bandera ¿no hubiera sido más lógico trasladar allí la oficina del INEM?

 

 

Ancha es Castilla

La fama mediática es flor de un día. Lo que hoy centra los focos mañana no es nada. Igual es el signo de estos tiempos, acelerados por llegar a ningún lado. O que la audiencia y los medios de comunicación padecen trastorno por déficit de atención.

Sobre esto último debe saber algo la nueva secretaria general de UGT-Andalucía, enfermera de profesión. Lo efímero de la fama mediática, mejor que lo vaya aprendiendo. Está recién llegada y no es para ir afeándole cosas, pero es que estrenarse con un “alguna pega me pondrán, quizá que soy rubia o que tengo 45 años y aparento 35”, es para hacérselo mirar. Les reconozco que tuve que leerlo varias veces para convencerme que la autora de la frase era Carmen Castilla y no Carmen Lomana.

Básicamente lo digo también porque Castilla repite mucho lo de tener una relación fluida con los medios de comunicación. Es un cambio: cuando era concejala se contentaba con sacar ‘El Avance’. ¿Se acuerdan? Qué tiempos. Recuerdo un pleno en el que Carmen Castilla se lamentaba que Écija, “con lo importante que es”, no tuviera una calle Juan Carlos I. “Y es más, tampoco tiene el nombre del Papa más importante de los últimos 400 años, Juan Pablo II”, decía, llena de conciencia obrerista.

Ahora se ve que la UGT no es el PSEI y que Andalucía es más grande que Écija. Parece que ha cambiado para mejor. Dicho lo cual, Castilla dirige un sindicato con un índice de popularidad similar al de El Dioni y con la credibilidad bajo cero por dar cobijo a jetas rascabarrigas. Si es verdad que Castilla quiere dignificar UGT, deberá sacar del sindicato a los trapicheros, dejarse de agitar espantajos y ganarse el respeto.

 

La política y la realidad

Va a ser porque soy un sieso y un avinagrado, seguro, pero no termino yo de verle la “utilidad social” a eso de expropiar una plaza de toros. Dicen que es porque Écija, además de Grande de España, es “cuna de maestros”. Porque hay mucha afición a los toros, vaya. Una razón que, ya puestos, sirve también para justificar la expropiación de los molletes de la Conchi o de los hermanos Armesto.

Y que conste que mis dudas no tienen nada que ver con las corridas de toros. Al que no le gusten, que no vaya. Aunque, al paso que va todo, van a convertirse en un lujo de ricos. Y nosotros ya no lo somos. Verá usted, señora, cómo, al final, las corridas de toros van a ser una cosa exclusiva de quien pueda pagarse una entrada. O dos.

No, mis dudas sobre este asunto de la compra de la plaza de toros van más por la parte tan española del despilfarro, de los millones tirados a la basura. Seguro que hay más de uno que le ve el lado positivo; yo mismo opino que, como habrá que restaurar el coso, la restauración se la podrían encargar a Frank Gehry y así, al menos, se lo podríamos enseñar a los turistas.

Pero me temo que no será así. En esto de la pasta quemada, hay manirrotos de la cosa pública que deberían hacer eso tan primario de ponerse en el lugar del otro, en la piel del vecino. Sobre todo, en la de aquellos que ni siquiera tienen resuelto lo inmediato. Aquellos para quienes la comida de cada día o la factura de la luz de cada mes suponen un quebradero de cabeza. Pero para eso deben apagar el anuncio de Campofrío y no creerse el monólogo de Desigual. La vida no es chula.

Alegría contenida

Mira que son raros los titulares que leemos últimamente. El ministro de Interior diciendo que las vallas con cuchillas de Melilla son “un elemento pasivo de disuasión, no agresivo”; sindicalistas facturando una barra libre como curso de formación; la niña de la Pantoja embarazada…

Todo muy loco, no me digan que no. Pero la que más me ha gustado a mí es una muy nuestra. Muy de aquí, como las tortas de manteca, las torres o las farolas apagadas: la de nuestro alcalde diciendo que Écija “está hoy un poquito mejor que hace dos años y medio”. Que antes de llegar él a la alcaldía, se sobreentiende.

No sé qué factores ha medido y comparado nuestro primer edil para decir lo que ha dicho. También es verdad que ha dicho Écija, así en general y en abstracto, y no los ecijanos. Tampoco yo me he parado a comparar mucho, pero esa valoración va contra la intuición ¿no les parece? Quiero decir que me da la impresión que tampoco va tan bien la cosa, ya ven ustedes.

O a lo mejor sí, vaya usted a saber. Porque igual me quedo corto, pero me parece a mí que ante ese optimismo gubernamental sólo caben dos opciones: o resignación o protesta. Lo digo porque tampoco se ve ni se oye a nadie protestar ¿no?

Así que, como mínimo, la cosa va tan bien como en mayo de 2011. O igual de mal. Lo que no termino de entender es que, si la cosa va a mejor, cómo es que no estamos todos celebrándolo, con fuegos artificiales por las esquinas y congas en la cola del paro. Será que somos de contener la alegría.

Realismo Mágico

Se han enterado ¿no? El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, asegura que el rostro del fallecido ex presidente Hugo Chávez apareció en una de las paredes rocosas de uno de los túneles que forman parte de la excavación de una línea en construcción del Metro de Caracas.

No es que no aplauda yo esta versión bolivariana de las caras de Bélmez, ni vea bien que Venezuela abandone el reggaetón y los culebrones para echarse en brazos del realismo mágico. Bueno, en su caso, del socialismo mágico. Pero, que me perdonen los chavistas recalcitrantes, en España le podemos dar lecciones a Maduro sobre lo de ver caras extrañas en lugares insospechados.

A ver ¿quién no ha vivido una experiencia paranormal?. No lo digo por mí, tan descreído que sólo tengo fe en el Athletic de Bilbao aunque no consigo ver la cara de Fernando Llorente en el colacao del desayuno. Pero es que estoy convencido de que Franco se aparece los viernes en el Consejo de Ministros. Y a los pensionistas seguro que se les aparece cada fin de mes en la cartilla del banco la cara del ministro Montoro y de su santa madre.

¿Y si bajamos a la política local? Dígame, señora, si le cabe duda de que Fernando Reina ve la cara de Julián Álvarez en la estatua de la Amazona Herida; y ¿acaso no ve el concejal de Hacienda obras paradas en cada cartel de la Junta de Andalucía? La concejala de IU ¿no ve la cara de Salvador Bustamante en la tostada? ¿Y Wic? ¿Verá a partir de ahora la cara de Paco Obregón en un desconchón de la pared?

Beaterías

Vaya por Dios, con lo que le gusta a un político inaugurar una obra y para una que podía inaugurar el PP y va el PA y se la suspende. Dicen que por presiones al pacto de gobierno, pero no se aclara quién ha presionado. A lo mejor se lo callan por eso de decir el pecado, pero no el pecador. O, en este caso, mentar la beatería, pero no al beato.

Habrá quien piense que qué singular ciudad, la nuestra, por haber vetado una obra de teatro cómica amparándose en la sensibilidad cofrade. Pero la confusión del poder civil con el poder confesional no es algo exclusivamente ecijano. Las autoridades desfilan en las fiestas religiosas, los clubes de fútbol hacen ofrendas pidiendo ayuda a la imagen de la Virgen que les pilla más cerca y hasta se liberan presos porque lo pide una cofradía de Málaga.

Ojo: no estoy diciendo que no me alegre de la libertad de un reo; pero sí digo que para el Consejo de Ministros tendría que valer la petición de la cofradía de Jesús el Rico lo mismo que la de la célula comunista de Jesús el Pobre. Es decir, nada.

Porque ¿a cuento de qué se nos mezclan confesiones religiosas con decisiones de los poderes civiles y públicos? Yo no pienso rechazar a católicos, musulmanes, budistas o judíos cuando estas confesiones actúan como una forma de ayudar a ser mejores personas; pero sí que creo que se debe denunciar a quien usa un sentimiento supuestamente religioso para machacar al resto.

Lo demás, qué quieren que les diga, es salir a la calle queriendo hacernos ver que es nieve lo que en realidad es caspa.

 

 

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