Topicazos

Menos mal que Skoda ha dado marcha atrás y no le hemos tenido que declarar la guerra. No ha llegado oficialmente el verano todavía y ya hemos tenido el primer sobresalto. Eso que algunos llaman serpiente de verano, y que suele ser una noticia con la que rellenar cuando no se tiene algo de verdadera entidad. O sea que, por definición, una serpiente de verano es algo irrelevante.

Quizá por eso tiene narices que nuestra serpiente de verano haya tenido que ver con eso tan habitual por estas fechas y en esta bendita tierra como es el calor. Tópico ¿verdad? Y sin embargo, ese topicazo ha servido para que algunos se hayan sentido ofendidos.

Vale que el anuncio gracioso no es, pero no alcanzo a entender el rasgado de vestiduras. ¿Ahora de qué vamos? ¿De vanguardistas? Pero si somos los primeros que sacamos pecho con lo de la sartén de Andalucía y vendemos a los turistas camisetas con los huevos fritos y eso tan ocurrente de ‘Pa caló Écija’…

¿Qué esperábamos? Ya que no podemos vender una ciudad limpia ¿queremos vender nuestro patrimonio teniendo el Palacio de Peñaflor en ruinas? ¿Presumir de legado gastronómico poniendo a los turistas patatas fritas congeladas? Bastaría con haberle dado la vuelta al tópico. Pero eso hubiera sido lo inteligente.

¡¡Disidentes!!

No tengo claro si el Primero de Mayo debe ser una jornada festiva o un día para la reivindicación. Pero sí que, tal y como están las cosas, el Día Internacional del Trabajo es una oportunidad para llamar la atención sobre las llamadas clases populares y transmitir una imagen de unión y fortaleza. De poder, en suma.

Es evidente que juntando a menos de cien personas no se consigue eso. Tampoco haciendo un llamamiento desde un batiburrillo de siglas para terminar leyendo un manifiesto sin ninguna referencia local. Por seguir con las evidencias, está claro que haciendo siempre lo mismo es absurdo esperar un resultado diferente.

Me acordaba este Primero de Mayo de algo que leí allá por 2008: “La izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca”. No lo dijo la CEOE; lo escribió José Saramago. Y algo de eso hay. La izquierda se mira permanentemente el ombligo porque no parece haber entendido que, en el actual tiempo de crisis, debe aspirar a representar a la mayoría… porque es la mayoría de la gente la que está sufriendo la crisis.

Sin embargo, en lugar de trabajar por conseguir que la mayoría social se identifique con ella, por convertirse en un instrumento en manos de la gente para el ejercicio de la función pública, la izquierda se enmaraña en sus luchas internas – al estilo de las del Frente Popular de Judea, el Frente Popular del Pueblo Judío o el Frente Judaico Popular - sin entender que sus peleítas le dan igual a la gente.

Estaría bueno que a estas alturas le intentase yo dirigir su opción de voto, señora. El mío sí lo tengo claro: votaré al Frente Popular de Judea. El resto… ¡¡disidentes!!

 

 

Ciudadanos Rasos

Me gustaría que algún día me explicara alguien en qué hay que fijarse para conceder el título de Ecijano del Año, Ecijana del Año o Entidad del Año. Ya sabe, ese galardón que se entrega cada 28 de febrero, para que parezca que el Día de Andalucía es algo más que una jornada para levantarse un poco más tarde.

Tengo claro que para ser Hijo Predilecto de Écija, como de cualquier ciudad, hay un reglamento de concesión de honores y distinciones. Pero ¿qué libraco antiguo o red de datos hay que examinar para justificar un premio de Ecijano del Año? ¿De dónde sale tanta empatía, de dónde tanta necesidad de dar palmaditas en la espalda?

Ya sé, ya sé… me van a salir con eso de “haber destacado de forma extraordinaria por cualidades o méritos personales o por servicios prestados en beneficio u honor de la ciudad”. Entiendo, entonces, que siempre se van a utilizar criterios muy restrictivos para dejar de ser ciudadano raso y ser Ecijano con mayúsculas.

Quede claro que no tengo nada en contra de los premiados. Es sólo que no me resulta nada obvio el criterio para elegir a uno en detrimento de otro. Y que las más de las veces me asalta la certeza de que el jurado – porque imagino a un jurado – premia al que más sale en la tele o en las revistas que lee en la peluquería.

Pero, si eso es así, me asalta una nueva duda: si se elige mirando quién está bajo los focos, quién luce en el couché ¿no tendrá razón mi vecino de aquí abajo, el académico Miguel Aguilar, y nuestros próceres han perdido una oportunidad de oro para premiar a Carmen Castilla?

 

Elogio de la austeridad

A ver ¿cómo promocionaría usted Écija? Venga, piense un poco. ¿Cómo intentaría liar a un turista alemán, ruso, o de más cerca, para que se gastara aquí su dinero? ¿Le vendería lo del patrimonio histórico del que presumimos y que, dicho sea de paso, pide a gritos una rehabilitación que nunca parece llegar? ¿O le cantaría las bondades de nuestra tierra con lujo, bailaoras, caballos y toreros con la mirada perdida?

Quede claro que no tengo ni idea de turismo y cualquier campaña me parece buenísima. Lo que me pasa es que no tengo muy claro a quién se dirigen, qué turista se quiere captar, quién nos interesa que venga a visitarnos. Lo digo porque si hay que fiarse del paladar del ciudadano medio, todavía recuerdo abochornado el interés despertado por la boda de la duquesa de Alba y su bailoteo, prueba más que evidente de que estamos preparados para tragarnos lo que nos echen.

Y otra cosa que no entiendo es que, si de verdad estamos por vender “grandeza”, se inaugure una rotonda con material reciclado y loas a la austeridad colocando una bandera de quita y pon para ser ecijanos la mayor parte del tiempo, españoles cuando gana la selección de futbol y andaluces cuando nos dejan. Vaya por delante que las banderas todas me parecen trapos de colores que ondear en el futbol, pero ¿de verdad hacía falta esa austeridad que más bien es tacañería rozando el poste?

Y otra cosa más: si la bandera en cuestión y la rotonda quieren simbolizar aquello que nos une a todos los ecijanos, en lugar de una glorieta con una bandera ¿no hubiera sido más lógico trasladar allí la oficina del INEM?

 

 

Ancha es Castilla

La fama mediática es flor de un día. Lo que hoy centra los focos mañana no es nada. Igual es el signo de estos tiempos, acelerados por llegar a ningún lado. O que la audiencia y los medios de comunicación padecen trastorno por déficit de atención.

Sobre esto último debe saber algo la nueva secretaria general de UGT-Andalucía, enfermera de profesión. Lo efímero de la fama mediática, mejor que lo vaya aprendiendo. Está recién llegada y no es para ir afeándole cosas, pero es que estrenarse con un “alguna pega me pondrán, quizá que soy rubia o que tengo 45 años y aparento 35”, es para hacérselo mirar. Les reconozco que tuve que leerlo varias veces para convencerme que la autora de la frase era Carmen Castilla y no Carmen Lomana.

Básicamente lo digo también porque Castilla repite mucho lo de tener una relación fluida con los medios de comunicación. Es un cambio: cuando era concejala se contentaba con sacar ‘El Avance’. ¿Se acuerdan? Qué tiempos. Recuerdo un pleno en el que Carmen Castilla se lamentaba que Écija, “con lo importante que es”, no tuviera una calle Juan Carlos I. “Y es más, tampoco tiene el nombre del Papa más importante de los últimos 400 años, Juan Pablo II”, decía, llena de conciencia obrerista.

Ahora se ve que la UGT no es el PSEI y que Andalucía es más grande que Écija. Parece que ha cambiado para mejor. Dicho lo cual, Castilla dirige un sindicato con un índice de popularidad similar al de El Dioni y con la credibilidad bajo cero por dar cobijo a jetas rascabarrigas. Si es verdad que Castilla quiere dignificar UGT, deberá sacar del sindicato a los trapicheros, dejarse de agitar espantajos y ganarse el respeto.

 

La política y la realidad

Va a ser porque soy un sieso y un avinagrado, seguro, pero no termino yo de verle la “utilidad social” a eso de expropiar una plaza de toros. Dicen que es porque Écija, además de Grande de España, es “cuna de maestros”. Porque hay mucha afición a los toros, vaya. Una razón que, ya puestos, sirve también para justificar la expropiación de los molletes de la Conchi o de los hermanos Armesto.

Y que conste que mis dudas no tienen nada que ver con las corridas de toros. Al que no le gusten, que no vaya. Aunque, al paso que va todo, van a convertirse en un lujo de ricos. Y nosotros ya no lo somos. Verá usted, señora, cómo, al final, las corridas de toros van a ser una cosa exclusiva de quien pueda pagarse una entrada. O dos.

No, mis dudas sobre este asunto de la compra de la plaza de toros van más por la parte tan española del despilfarro, de los millones tirados a la basura. Seguro que hay más de uno que le ve el lado positivo; yo mismo opino que, como habrá que restaurar el coso, la restauración se la podrían encargar a Frank Gehry y así, al menos, se lo podríamos enseñar a los turistas.

Pero me temo que no será así. En esto de la pasta quemada, hay manirrotos de la cosa pública que deberían hacer eso tan primario de ponerse en el lugar del otro, en la piel del vecino. Sobre todo, en la de aquellos que ni siquiera tienen resuelto lo inmediato. Aquellos para quienes la comida de cada día o la factura de la luz de cada mes suponen un quebradero de cabeza. Pero para eso deben apagar el anuncio de Campofrío y no creerse el monólogo de Desigual. La vida no es chula.

 

 

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