A vueltas con la plaza

Con la de toros, señora, con la de toros. Que seguro que sabe usted que ya hemos empezado a pagarla. De todas las historias que me apasionan, la de la expropiación de la plaza de toros de Écija es la que más me subyuga. No me digan que no da para un relato de misterio. O dos.

Decía el expediente municipal con el que se justificó su compra hace casi un año que se expropiaba para “mantener y promocionar las costumbres del lugar y el sentimiento taurino que caracteriza a nuestra ciudad, cuna de grandes maestros”. Ya ven: un robot pisando un asteroide, en EE.UU. tomando fotos de la antimateria… y nosotros con los vellos de punta por el arte de Cúchares. Nos va lo vintage, que dice mi amigo Chemi López.

Desde aquel primer paso se ha maquillado un poquito la cosa y ya se habla de usar el coso como auditorio. Ya ven que la cosa va de cultura. Siendo así, y atendiendo al estado ruinoso de la plaza de toros, se podría terminar de hundir y sacar a la luz el anfiteatro romano sobre el que dicen que se construyó el coso de Pinichi.

Eso podría justificar el empleo de dinero público para adquirir el edificio y convertirlo en un medio para difundir valores culturales e históricos de esta nuestra comunidad. “¿Cómo se podría conseguir eso?”, se preguntará alguno de nuestros indispensables políticos locales. “Muy fácil”, pensarán seguro; “con fútbol, toros, desfiles procesionales, romerías, fiestas patronales ¡y sin reparar en gastos!”.

Tanto afán cultural es digno de que alguien haga un estudio.

Vergüenza patrimonial

Me emociona comprobar la inquebrantable fe de mis convecinos en la Justicia. Así, con mayúsculas. Más de diez años lleva el Palacio de Peñaflor abandonado a su suerte, con sólo dos personas llorando sobre el jaramago gigante que creció en el patio, y ha bastado media hora de conferencia sobre su proceso de ruina para que todo dios clame pidiendo no sé si justicia o venganza.

A juzgar por ese repentino arrebato, pareciera que la ruina del Palacio de Peñaflor (emblema del barroco civil, santo y seña del patrimonio ecijano y todos los epítetos ampulosos que se quiera) haya estado oculta a la gente. Al contrario. Su paulatino deterioro lo ha podido conocer todo el mundo. Está documentado. El problema es que casi todo el mundo ha mirado (hemos mirado) para otro sitio.

Ese es el principal problema. Que la presunta indignación ciudadana y la falsa conciencia de parte de nuestra intelectualidad local son teóricas, y duermen en las mismas condiciones de vacío moral en que reposa la vergüenza que más de uno debería tener. Hay quien hasta se ofende y se descuelga con filípicas sobre la necesidad de vengar la afrenta al patrimonio que, mire usted por dónde, lleva decenios languideciendo sin que nadie haya lanzado un miserable ¡ay! por el Palacio.

No me miren así. No descarto estar equivocado. Pero hagan examen de conciencia al respecto, reflexionen un poquito sobre cómo es posible que, teniendo entre nosotros tantos campeones de la virtud y defensores del arte local, medren a nuestro alrededor semejante cantidad de ladrones sin escrúpulos. Y cómo puede ser que el Palacio se nos caiga.

 

Las mechas de Castilla

De todos los universos cuánticos posibles nos ha tenido que tocar este. Una dimensión en la que un avión desaparece sin dejar rastro, Jordi Pujol evade dinero a espuertas mientras clamaba que “Espanya ens roba”, Écija es un parque temático del XVIII con aceras sucias y nuestros capitulares hacen palmas ante la idea de poder subir y bajar banderas en una rotonda según toque.

Me imagino a un concejal de cada partido repasando la agenda para anticipar cada día y preparar el trapo de colores correspondiente. Claro que hay formas más divertidas de gastar el dinero público. Por ejemplo, en pagar a la Guardia Civil para que intervenga los teléfonos de la UGT y nos enteremos de las sesudas declaraciones de Carmen Castilla.

Se quejaba la secretaria general del sindicato investigado de que la prensa la compara con la presidenta de la Junta, Susana Díaz. “Tiene cojones, con lo fea que es…”, opina Carmen Castilla, a la que se ve que le preocupan mucho determinadas comparaciones. Mejor dicho, parece que lo que más le preocupa es todo lo que tiene que ver con su físico, que para algo ya dejó claro que ella es rubia y se paga sus mechas.

             No sé, pero se me antoja que a Carmen Castilla se le queda pequeña la UGT de Andalucía. Debería asumir su fracaso para enfocar nuevas perspectivas del sindicalismo y dar el salto definitivo y presentar un programa de televisión. Su lugar está bajo los focos, luciéndose. Yo la veo sustituyendo a Mariló Montero como gran diva de las mañanas de la TVE. Estoy seguro de que nadie notaría la diferencia.

Topicazos

Menos mal que Skoda ha dado marcha atrás y no le hemos tenido que declarar la guerra. No ha llegado oficialmente el verano todavía y ya hemos tenido el primer sobresalto. Eso que algunos llaman serpiente de verano, y que suele ser una noticia con la que rellenar cuando no se tiene algo de verdadera entidad. O sea que, por definición, una serpiente de verano es algo irrelevante.

Quizá por eso tiene narices que nuestra serpiente de verano haya tenido que ver con eso tan habitual por estas fechas y en esta bendita tierra como es el calor. Tópico ¿verdad? Y sin embargo, ese topicazo ha servido para que algunos se hayan sentido ofendidos.

Vale que el anuncio gracioso no es, pero no alcanzo a entender el rasgado de vestiduras. ¿Ahora de qué vamos? ¿De vanguardistas? Pero si somos los primeros que sacamos pecho con lo de la sartén de Andalucía y vendemos a los turistas camisetas con los huevos fritos y eso tan ocurrente de ‘Pa caló Écija’…

¿Qué esperábamos? Ya que no podemos vender una ciudad limpia ¿queremos vender nuestro patrimonio teniendo el Palacio de Peñaflor en ruinas? ¿Presumir de legado gastronómico poniendo a los turistas patatas fritas congeladas? Bastaría con haberle dado la vuelta al tópico. Pero eso hubiera sido lo inteligente.

¡¡Disidentes!!

No tengo claro si el Primero de Mayo debe ser una jornada festiva o un día para la reivindicación. Pero sí que, tal y como están las cosas, el Día Internacional del Trabajo es una oportunidad para llamar la atención sobre las llamadas clases populares y transmitir una imagen de unión y fortaleza. De poder, en suma.

Es evidente que juntando a menos de cien personas no se consigue eso. Tampoco haciendo un llamamiento desde un batiburrillo de siglas para terminar leyendo un manifiesto sin ninguna referencia local. Por seguir con las evidencias, está claro que haciendo siempre lo mismo es absurdo esperar un resultado diferente.

Me acordaba este Primero de Mayo de algo que leí allá por 2008: “La izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca”. No lo dijo la CEOE; lo escribió José Saramago. Y algo de eso hay. La izquierda se mira permanentemente el ombligo porque no parece haber entendido que, en el actual tiempo de crisis, debe aspirar a representar a la mayoría… porque es la mayoría de la gente la que está sufriendo la crisis.

Sin embargo, en lugar de trabajar por conseguir que la mayoría social se identifique con ella, por convertirse en un instrumento en manos de la gente para el ejercicio de la función pública, la izquierda se enmaraña en sus luchas internas – al estilo de las del Frente Popular de Judea, el Frente Popular del Pueblo Judío o el Frente Judaico Popular - sin entender que sus peleítas le dan igual a la gente.

Estaría bueno que a estas alturas le intentase yo dirigir su opción de voto, señora. El mío sí lo tengo claro: votaré al Frente Popular de Judea. El resto… ¡¡disidentes!!

 

 

Ciudadanos Rasos

Me gustaría que algún día me explicara alguien en qué hay que fijarse para conceder el título de Ecijano del Año, Ecijana del Año o Entidad del Año. Ya sabe, ese galardón que se entrega cada 28 de febrero, para que parezca que el Día de Andalucía es algo más que una jornada para levantarse un poco más tarde.

Tengo claro que para ser Hijo Predilecto de Écija, como de cualquier ciudad, hay un reglamento de concesión de honores y distinciones. Pero ¿qué libraco antiguo o red de datos hay que examinar para justificar un premio de Ecijano del Año? ¿De dónde sale tanta empatía, de dónde tanta necesidad de dar palmaditas en la espalda?

Ya sé, ya sé… me van a salir con eso de “haber destacado de forma extraordinaria por cualidades o méritos personales o por servicios prestados en beneficio u honor de la ciudad”. Entiendo, entonces, que siempre se van a utilizar criterios muy restrictivos para dejar de ser ciudadano raso y ser Ecijano con mayúsculas.

Quede claro que no tengo nada en contra de los premiados. Es sólo que no me resulta nada obvio el criterio para elegir a uno en detrimento de otro. Y que las más de las veces me asalta la certeza de que el jurado – porque imagino a un jurado – premia al que más sale en la tele o en las revistas que lee en la peluquería.

Pero, si eso es así, me asalta una nueva duda: si se elige mirando quién está bajo los focos, quién luce en el couché ¿no tendrá razón mi vecino de aquí abajo, el académico Miguel Aguilar, y nuestros próceres han perdido una oportunidad de oro para premiar a Carmen Castilla?

 

 

 

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